Llevar una alimentación saludable es muy importante en el paciente hipertenso. Por una parte, en los pacientes con riesgo de desarrollar hipertensión arterial, una alimentación saludable puede prevenir su aparición a lo largo del tiempo, contrarrestando el riesgo genético de padecer este problema. Además, en los pacientes que ya son hipertensos puede ayudar a controlar este problema sin medicación o con menor cantidad de fármacos, así como ha disminuir el impacto que la hipertensión arterial tiene sobre el aumento de la patología cardiovascular, como ictus, infarto de miocardio, insuficiencia cardica, insuficiencia renal, etc.

Unos hábitos generales saludables, como la dieta cardiosaludable y el ejercicio físico pueden ayudar de forma “indirecta”, pues previenen la obsesidad, que es uno de los mayores determinantes de la aparición de hipertensión arterial. De igual forma, pueden evitar la aparición de diabetes mellitus, una enfermedad que se asocia con la hipertensión arterial y que incrementa importantemente su riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
Estos dos factores —dieta y ejercicio— también ayudar de forma “directa” en la hipertensión arterial, pues ambos pueden conseguir reducciones significativas de las cifras de presión arterial, ayudando en muchos casos a controlar esta enfermedad sin necesidad de tratamiento.

En los pacientes obesos y con sobrepeso es importante realizar una dieta saludable dirigida a perder peso. Con ello bajará la presión arterial.
Los alimentos más recomendables son los que componen la dieta mediterránea, lógicamente en las cantidades adecuadas para mantener el peso adecuado. Entre estos alimentos destacan pescados, frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva e hidratos de carbono integrales. También pueden consumirse en cantidades adecuadas las aves y carnes blancas, evitando las partes más grasas.
Se sabe que los alimentos ricos en potasio y calcio, como la leche y las frutas y verduras contribuyen a bajar la presión arterial.

Hay productos que, si bien no están totalmente prohibidos, deben consumirse con cuidado y en cantidades limitadas. La sal y los productos salados, como conservas, comidas preparadas, etc., deben reducirse sustancialmente en la dieta de los pacientes hipertensos, debiendo evitarse en los casos más graves. En los pacientes que tomen alcohol, el consumo del mismo debe reducirse a las cantidades actualmente recomendadas de una bebida al día, pues un consumo mayor tiende a elevar la presión arterial.
Además, dentro de una alimentación saludable, y en el contexto de prevención de la enfermedad cardiovascular, debe limitarse el consumo de carnes rojas y de los productos que contengan ácidos grasos trans, como ocurre con muchos de los alimentos procesados.

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